
Desde fuera nadie diría que tienes un problema. Pero tú sabes que sí.
Te miras en el espejo y, aunque todo parece en su sitio, te sientes extraña, como si no encajaras en tu propia vida.
Quienes te conocen dicen que eres maravillosa. Una gran profesional, una buena hija, una buena madre, una buena amiga, todo.
Sin embargo, tú no te sientes así. Más bien todo lo contrario.
Cumples con tu trabajo, con tus compromisos sociales, con tu familia… Eres perfectamente funcional, eficiente y efectiva, pero vives desde hace tiempo con la sensación de estar interpretando un papel.
Te sientes un fraude, una impostora y esperas con angustia y miedo el día en que todos se den cuenta de que no eres tan válida ni tan capaz como aparentas ser ni como todos creen que eres.
¿Será mañana? ¿Será dentro de un mes? ¿De un año? No sabes cuándo, pero ese día llegará. Seguro.
Y mientras tanto, te preguntas si esa sensación de cansancio, desconexión, desmotivación y vacío que sientes ahora mismo es lo que te espera para el resto de tu vida.
Porque esa es tu realidad desde hace tiempo, puede que incluso haya sido así desde siempre.
Por más que haces, por más que te esfuerzas, por más que lo intentas siempre vuelve esa voz.
La voz que te recuerda que no eres suficiente.
La voz que te repite que no estás a la altura.
La voz que te enumera los motivos por los que no eres tan buena ni tan válida ni tan perfecta como deberías.
La voz que nunca se va de tu cabeza.
-Pero qué idiota, tenías que fastidiarlo. A ver cómo lo arreglas ahora.
-Te pongas lo que te pongas estarás igual de horrible. Claro, si te cuidaras más…
-No sé ni para qué te esfuerzas si no lo vas a conseguir.
-Qué ilusa, creer que iba a salir bien. Esas cosas no le pasan a gente como tú.
-Eres una mediocre.
-Eres una egoísta.
-Eres una desagradecida.
-Eres una floja.
-No vales. No puedes. No sirves. No lo vas a lograr.
La voz te exige, te señala, te reprocha, te machaca, te castiga, te insulta.
La voz te maltrata.
Vivir con ella es agotador y doloroso. Te hace sentir defectuosa, insuficiente, culpable y muy, muy pequeña.
Y claro, cuando alguien te trata de esa manera, lo natural sería escaparte, alejarte, huir de esa persona ¿correcto?
La realidad es que no puedes escapar de esa voz. Es imposible, no se puede.
La voz no surgió de la nada y no sigue ahí por casualidad.
Está arraigada y sostenida por creencias y heridas profundas que viven en tu subconsciente.
Mientras no las identifiques, la voz seguirá activándose automáticamente ante cualquier persona, suceso o situación cotidiana que le sirva de disparador (que abra la herida).
Una voz interior destructiva causa un dolor emocional enorme, eso ya lo sabes.
Lo que puede que no sepas es que si ese dolor no se gestiona se acumula.
Y cuando el dolor supera lo que puedes tolerar, tu mente intenta protegerte buscando alivio como puede.
Quizás nadie te lo haya contado así, pero el estrés crónico, la ansiedad, las migrañas, la depresión o incluso las adicciones son las vías de escape que usa tu mente para liberar ese dolor que lleva tanto tiempo dentro de ti.
Y te pasas años intentando luchar con todos o algunos de ellos: controlando el estrés, disimulando la ansiedad o tratando de superar el bajón “con fuerza de voluntad” o medicación.
Antes de seguir te quiero decir que no se trata de "arreglarte", no hay nada roto en ti, no eres defectuosa ni necesitas "esforzarte más y hacerlo mejor" para que te vean, te quieran o simplemente te sientas merecedora.
No se trata de ponerle más fuerza de voluntad, tomar pastillas que solo adormecen el dolor, o hacer terapias interminables.
Se trata de ir al origen, a la raíz y empezar a trabajar desde allí, sacando a la luz las creencias de ti que alimentan esa voz que te está asfixiando, vaciando día tras día y destruyendo desde dentro.
Soy Erika Dessommes y, en mi trabajo como especialista en Reprogramación Mental (RTT, Rapid Transformational Therapy), me encontraba constantemente con este mismo patrón.
Veía a personas conseguir resultados espectaculares. Pero veía a otras que, tras un avance increíble, al mínimo contratiempo recaían en su dolor principal y se culpaban cruelmente por ello.
Y te seré sincera: me jodía dolía muchísimo ver como mis clientes tiraban por la borda gran parte del trabajo que hacían en las sesiones.
Era como verlas escalar una montaña cargando una mochila de 50 kilos.
Por mucho esfuerzo que pusieran, al primer descuido, el peso invisible de esa mochila tiraba de ellas y las arrastraba de nuevo a la base.
Me di cuenta de que no se puede arreglar un sistema sin identificar primero los cimientos. Alguien puede querer hablar mejor en público o vender más, pero si tiene una herida profunda sin atender, es como ponerle una tirita a una tubería rota. No sirve de nada.
Por eso me dediqué a encontrar el camino más rápido y efectivo para llegar a la raíz.
La respuesta principal me la dio el psiquiatra e investigador clínico David R. Hawkins.
En su "Mapa de la Consciencia", Hawkins demostró que las emociones no resueltas (la vergüenza, la culpa, la apatía, el miedo, etc) no son una simple forma de ser; son bloqueos energéticos y mentales reales que te anclan al fondo.
Si operas por ejemplo desde la herida del juicio o la culpa, el autosabotaje es una consecuencia natural de tu comportamiento.
Como dice mi cita favorita de Carl Jung: "Hasta que hagas al inconsciente consciente, dirigirá tu vida y tú lo llamarás destino."
Entendí que el paso número uno no es intentar “empoderarte”, sino identificar en qué herida de la escala más baja de consciencia estás operando. Porque si no sueltas esa mochila primero, cualquier avance terminará cayendo por su propio peso.
Basándome en todo lo que aprendí del trabajo de Hawkins y otros autores, creé El Mapa de tus Heridas por Sanar. Un test diseñado para identificar heridas emocionales profundas y saber exactamente dónde hay que poner el foco para comenzar a sanar.
Cuando las personas responden el test, obtienen su mapa y leen sus resultados, ocurre algo curioso.
La mayoría no se sorprende, se alivia.
Por fin entienden contra qué estaban luchando.
Como estos dos mensajes que recibí hace poco:
Mil gracias, Erika. Ha sido doloroso pero también liberador. Todo lo que siento hace años y nunca he sido capaz de explicar con coherencia (ni a terapeutas, ni a amigos, ni a nadie) lo tengo ahora por escrito 😅
Estoy llorando porque me reconozco completamente en esta descripción.
¿Y ahora qué sigue?
¿Cómo salgo de aquí?
Esa es la diferencia entre pasarte años hablando de tus problemas y localizar, en dos minutos, la raíz exacta que los provoca.
Quien quiera seguir ignorando el peso y llamándolo destino, puede cerrar esta página y seguir con su vida.
Quien quiera saber exactamente qué herida dirige su vida hoy para empezar a hablarse mejor, tiene el acceso a descubrirlo justo aquí abajo.
¡Todo es gratuito!